martes, 12 de mayo de 2009

Tomás nos cuenta...

Para nuestros lectores:
Esta actividad se puede hacer en clase o en casa, solo o en grupo
Niveles - 3º, 4º, 5º, 6º de primaria + 1º y 2º de ESO

Quizás algunas palabras sean un poco difíciles de entender. En este caso, tienes varias opciones:
1. apunta las palabras para buscar su significado en el diccionario
2. pregunta a una persona mayor.
3. sigue leyendo: lo que entenderás del resto del texto te será útil para el ejercicio

En “Vacaciones sentimentales” (Las Rosas de Hércules, libro I - 1922), el poeta Tomás Morales habla en versos de su infancia. Recrea sensaciones, describe personajes y cuenta anécdotas.
Lee o escucha los tres poemas que siguen: ¿qué nos cuenta el poeta? Asocia el número del poema (V – VII – IX) con el texto que te parece corresponderle.

V
Por fin se terminaron aquellas vacaciones.
Otra vez el colegio y su péndulo lento;
los empolvados mapas de los largos salones
y los eternos días llenos de aburrimiento…

A último de Septiembre, una mañana fría,

nos recogió el vetusto coche de la pensión.
¡El primero de Octubre! ¡Poco piadoso día
que era tan detestado por nuestro corazón!...

Entre besos y lágrimas nos hemos despedido…
Una tenue llovizna que empaña los cristales
desciende finamente sobre el campo aterido
empapando las hojas de los cañaverales…

Vamos cruzando el pueblo que duerme sosegado:
algunas puertas se abren; algunos labradores
que van al campo, pasan fumando a nuestro lado,
y al saltar de las ruedas sobre el tosco empedrado,
despiertan los primeros gallos madrugadores.

Llegamos a la plaza. De la fragua al abrigo,
miramos, inundados de un profundo pesar,
al hijo del herrero, nuestro excelente amigo,
que en el umbral asoma para vernos marchar.

Y al llegar al colegio, vemos sin alegría
nuestro uniforme y nuestra gorra galoneada,
que el alma, entonces niña, con gusto trocaría
por el trajín sonoro de la vieja herrería
y la carrilla sucia de nuestro camarada…


VII
Y con la luna ha vuelto la visión de mi hermana
en el plácido ambiente de los primeros años;
aquel verano vino de la pensión, ufana;
ya era una mujercita con sus catorce años.

Vino también tía Rosa, ya un poquito arrugada,
cuyas viejas historias gustábamos oír;
sobre todo las que eran de aquella temporada
tan celebre: dos meses pasados en Madrid…

Cuando viera a la reina una tarde de enero
en la carroza regia por la Puerta del Sol;
y pintorescos cuentos de aquel rey jaranero,
caballero perfecto, simpático español.

Cual buena provinciana, no se le quedó nada
por ver, y recordaba con deleite especial
cuando a primera hora, de maja disfrazada,
fue con unas amigas al baile del Real.

Las máscaras estaban, a su decir, divinas,
con el rostro cubierto por el negro antifaz;
los palcos encantaban llenos de serpentinas…
¡Las mujeres tan lindas y los hombres de frac!

Mas todos los requiebros se dijeron por ella
-de algunos recordaba la picaresca sal-.
Quizás por ser más tímida, no por ser la más bella,
¡las había tan bellas en ese carnaval!

Y nosotros quisimos ver el disfraz preciado
que por aquel buen tiempo fue toda su ilusión
y que ahora dormía sus glorias, olvidado
en el apolillado misterio de un arcón…

Del que ella fue sacando con cuidadoso anhelo
entre cintas marchitas y deslucidos trajes:
la cumplida basquiña de negro terciopelo,
y la mantilla blanca tembladora de encajes…

Un escarpín de raso con un bordado alterna
y unas medias rosadas, tras una falda grana,
dignas de haber ceñido la torneada pierna
de la gentil Rosario Fernández, La Tirana…

Mi hermana ha recogido todos estos primores,
ha salido y ha vuelto un rato después;
y ya era una Manola de los tiempos mejores,
hija de Maravillas, del Rastro o Lavapiés…

Y adoptando un gracioso talante pinturero,
nos miraba con una sonrisa picaruela:
yo entusiasmado entonces le arroje mi sombrero
diciéndole un piropo de una vieja zarzuela.

Y benévolamente tía Rosa sonreía,
acaso recordando el donaire jovial
con que el Rey don Alfonso la llamó: ¡Reina mía!
aquel inolvidable Martes de Carnaval…

IX
Cuando a mi alma interrogo sobre el ensueño ido
y viene a mí en el encanto de aquella buena hora:
entre caras brumosas empañadas de olvido
hay una, que recuerdo cual si la viese ahora.


Fue un nuestro buen amigo; sus miradas errantes
daban a sus pupilas una visión inquieta,
y por sus aficiones todos los estudiantes
llamábanle, con tono desdeñoso, el poeta.


Mientras los camaradas juegan indiferentes,
él solía leerme sus versos inocentes
con voz emocionada y en tono muy formal.


No sé lo que habrá sido de ese buen compañero:
yo que entonces hubiera querido ser torero
sentía por él una compasión fraternal…


Explicación A: Los recuerdos de la tía Rosa sobre carnavales en Madrid son fascinantes. Ante el viejo disfraz que ella lució en el baile del Real, la hermana de Tomás no puede resistirse: se disfraza a su vez. Tomás, viéndola así vestida le dijo un piropo, mientras la tía Rosa, ya no tan joven, recordaba que entre los antifaces del baile, estaba el Rey.

Explicación B: A veces, es difícil recordar exactamente la cara de un amigo al que se ha perdido de vista. En el colegio, Tomás tenía un buen amigo que a veces estaba solo. Los demás no le hacían mucho caso, pero Tomás, si hablaba con el. A lo mejor porque tenían cosas en común: los dos querían tener una profesión desconcertante.

Explicación C: El niño Tomás ha estado todo el verano en Moya, en su casa, con su familia, jugando con sus amigos del pueblo, etc. Pero van a empezar de nuevo las clases y tiene que volver al colegio San Agustín en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, donde es interno (se queda a dormir en el colegio y vuelve a su casa solo en navidades y verano). Le viene a buscar un viejo coche, y atraviesa el pueblo de Moya. Tomás se siente triste y piensa que sería más feliz trabajando, como su amigo el hijo del herrero. Todavía no sabe que es una suerte poder estudiar… Y encima, está el día malo.

¿Qué explicación corresponde a cada poema?

V - A - B - C

VII - A - B - C

IX - A - B - C

solución: Tomás nos cuenta...

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